domingo, 9 de mayo de 2010

PROCESO DE RESTAURACION DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL CASTILLO DE LEBRIJA (SEVILLA)


La Ermita de Nuestra Señora del Castillo es uno de los exponentes más representativos de la arquitectura religiosa mudéjar en Andalucía Occidental. Declarada Monumento Histórico Artístico desde la temprana fecha de 1931, su edificación fue una obra ya cristiana que data de la segunda mitad del siglo XIV. Para su levantamiento se eligió uno de los bordes de la antigua plaza de armas del Castillo al estar el resto del recinto ocupado por construcciones pertenecientes a la fortificación islámica -primera mitad el siglo XIII-.

A comienzos del año 2000 se inició la restauración de la Ermita. El creciente estado de deterioro que amenazaba incluso la integridad del edificio, llevó al Ayuntamiento de Lebrija, en colaboración con la Hermandad del Castillo, a la recuperación de este bien patrimonial. Este proceso de restauración finalizó en Enero de 2003. El análisis y el conocimiento de la obra arquitectónica se convirtieron en la clave para individualizar y solventar cada uno de los problemas técnicos del edificio. El inmueble, como Bien de Interés Cultural está sujeto a una regulación jurídica específica que vela por su protección y garantiza su conservación. Por ello, el proyecto se desarrollado se sustentó en dos pilares básicos: el respeto por el legado histórico del monumento y el mantenimiento del carácter testimonial de sus estructuras.

La primera fase de trabajo estuvo destinada a diagnosticar en profundidad la obra sobre la que se iba a intervenir, consistiendo en un análisis arqueológico y la práctica de una serie de analíticas especializadas (años 2000-2001). La información obtenida delimitó no solo las deficiencias estructurales a resolver, sino también la configuración primitiva del templo y las remodelaciones acaecidas en el mismo hasta nuestros días. En base a estos datos se redactó el Proyecto de Restauración por los Servicios Técnicos Municipales. Su ejecución ha supuesto la consolidación y el saneamiento de muros y bóvedas, la sustitución y reproducción de cubiertas de maderas en mal estado de conservación, la eliminación de humedades y otras patologías, la reapertura de antiguos vanos y puertas, la recuperación de pinturas murales, la recreación de acabados y revestimientos preexistentes…

Adentrándonos un poco en su historia, el templo no sufrió grandes transformaciones a lo largo del tiempo. Su planta original, casi idéntica a la actual, responde a un tipo basilical, con tres naves separadas por dos ejes de arcos de herradura apuntados que descansan sobre pilares rectangulares achaflanados. Su cabecera era plana y tripartita, con tres ámbitos independientes destinados a presbiterios, sacristía y capilla secundaria. Las entradas originales fueron siempre dos, la primera emplazada a los pies de la nave central y cuya apertura se ha acometido con motivo de la restauración y, la segunda, coincidente con el acceso tradicional, situada en el lado del evangelio.

El templo se erige como un ejemplo de simbiosis cultural entre el mundo islámico y cristiano. No en balde, tanto los materiales de construcción como la mayoría de las soluciones arquitectónicas empleadas son deudores de una herencia musulmana. También nos encontramos elementos góticos para el lugar protagonista del templo, la capilla mayor o presbiterio.

La Ermita sirvió desde sus comienzos como espacio de enterramiento de sus feligreses. Las tumbas, localizadas durante el proceso de intervención arqueológica, consistían en simples fosas excavadas en la roca sin otro aditamiento que su señalización en el pavimento. Este uso de campo santo será una constante en la historia del edificio, prolongándose hasta el siglo XX.

Durante la Edad Moderna, el templo sufrirá retoques puntuales que modificaran su fisonomía. El programa de reformas incluyó desde la incorporación de elementos decorativos acorde con los gustos de la época –altar mayor, retablos, cancelas coro alto, etc..- y la reordenación espacial y funcional de distintos ámbitos –conversión de la sacristía en capilla de culto, cierre de la entrada de los pies…etc-. Con ello, concluirá el historial constructivo del monumento hasta nuestros días.
Eusebio J. García López-Ahumada

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