viernes, 14 de mayo de 2010

LA TORRE PELLI PONE EN PELIGRO A SEVILLA COMO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

En esta breve reseña aparecida en el diario sevillano ABC en su versión digital se habla sobre la tan traída polémica suscitada en torno a la futura construcción de la ya famosa Torre Pelli, rascacielos que como todos sabemos no encaja demasiado bien con el concepto tradicional, con la idea de ciudad que se supone que los sevillanos quieren para Sevilla.

La noticia se pone en relación con el problema que supondría para la ciudad la posibilidad de que las instituciones relacionadas con el Patrimonio mundial, en este caso el Icomos, valoren de manera bastante negativa esta posibilidad de construcción en una ciudad como Sevilla, de cara incluso a una posible salida de la ciudad dentro de las distintas catalogaciones que a nivel internacional se tienen de ella en materia de Patrimonio y de cómo esto podría afectar de manera negativa a su vez, en el turismo que, no nos olvidemos, a día de hoy sigue siendo una de las principales, si no la principal, fuentes de recurso económicos de Sevilla.

Nos encontramos una vez mas con la eterna dialéctica que se ha producido de manera recurrente a lo largo de la historia, es decir que esto no es nada nuevo, entre lo antiguo y lo nuevo, fundamentado, la mayoría de las veces, en el impacto que este suele producir sobre aquel. En materia patrimonial esto suele tener una especial significación, ya que afecta a un grupo de individuos que normalmente suelen tener mucho en común, o mejor dicho a una ciudad en común, entendida esta como símbolo fundamental de lo que son como comunidad, es decir como símbolo de lo que son como sociedad.

Por lo tanto, no debemos caer en simplismos tales como creer que una ciudad se mantiene incólume como un museo, sin “sufrir” los avatares del paso del tiempo, ya que como organismos vivos que son también se van transformando, tanto para bien como para mal. Y es aquí donde radica el verdadero kic de la cuestión, para mi modesto entender. Lo principal, para mi, sería tener claro que modelo de ciudad queremos tener y, una vez resuelta esta cuestión, por otro lado nada fácil de responder, hacer que nuestros representantes políticos trabajen en ese modelo, con todas las consecuencias. El problema que tiene la ciudad de Sevilla en este sentido y, a diferencia de otras ciudades, es precisamente lo que tiene, esto es su enorme e incalculable Patrimonio cultural y monumental, atesorado a través de los siglos y fruto de las muy distintas culturas y pueblos que la han habitado. Y es esta huella precisamente la que de alguna manera se ve amenazada con los cambios que las distintas modernidades van proponiendo y, en ocasiones imponiendo.

No obstante, tampoco deberíamos pensar en una ciudad que no es capaz de librarse de determinados fetiches que a modo de supuestos valores tradicionales, lo único que consiguen es lastrar cualquier posibilidad de seguir creciendo, seguir transformándose y, en definitiva seguir siendo una ciudad viva tanto para los sevillanos, como para los que cada año nos visitan. Como tampoco deberíamos obsesionarnos con la altura de un edificio. Lo importante no es tanto cuan alto es o deja de ser un edificio, si este ha sido proyectado como parte de un conjunto, de un modelo urbanístico completo, dentro del cual juega su papel preponderante, pero que es capaz de articular un nuevo modelo de crecimiento de la ciudad. Todo lo no sea eso, es decir lo que simplemente sea un mero alarde de construcción faraónica que tan solo busque el impacto del espectáculo, estará abocado a generar un modelo equívoco de urbanismo y una construcción errática de lo que queremos para Sevilla.

JORGE VIDAL MARTÍN
EXTRACTO DE PRENSA DEL DIARIO ABC de Sevilla(fecha miércoles 12 de mayo de 2010).

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